Coronavirus: la atención primaria en su punto máximo de tensión con fuerte malestar de los trabajadores de la salud

Si bien el incremento en la ocupación de camas de terapia intensiva es marcado, la tensión durante esta tercera ola de covid se desplazó a la atención primaria: a las guardias, consultorios, visitas domiciliarias y testeos. Los profesionales de la salud y sus equipos no dan abasto y, los que no se contagiaron, trabajan en jornadas dobles. Para colmo, mientras el turismo bate récords, ellos suspenden vacaciones y no consiguen recargar energías.

En medio de tantos apremios, el servicio que prestan a la comunidad, según manifiestan, “no es el adecuado”. Extenuados física y mentalmente, como si fuera poco, reciben salarios insuficientes. Incluso, algunas veces, son víctimas de escenas de violencia verbal y física: los aplausos de la primera etapa de la pandemia quedaron allí, en los balcones.

“La tensión se ha trasladado hacia el sector primario, que son los que reciben la demanda espontánea de covid. Las guardias, los consultorios, las consultas online, el testeo; todo está ampliamente superado en su capacidad de oferta. Un aluvión de personas que requiere atención; que si bien durante la primera y la segunda ola pudieron contenerse, no ocurre de igual modo durante la tercera”, afirma Leda Guzzi, médica infectóloga, referente de la Sociedad Argentina de Infectología.

Luego, enfatiza su argumento en relación a la dinámica profesional: “Si uno para, es tremenda la sobrecarga de laburo que hay para los demás; se redujo mucho nuestra capacidad de respuesta para esta ola. Estamos extenuados, fueron dos años muy difíciles. No nos sentimos muy valorados ni por la comunidad ni por nuestras remuneraciones. Hay muchos que abandonaron la profesión, que se fueron alejando y que ahora no quieren volver. Para qué regresar a un trabajo que no brinda ninguna satisfacción”.

Héctor Ortiz, dirigente de la agrupación Hospitales de la Ciudad, se enfoca en la situación que en el presente atraviesa el resto de los trabajadores del sistema. “Además de lo que ocurre con los médicos, estamos viendo con mucha preocupación lo que pasa con enfermeros, técnicos y administrativos. Hoy el peso de la tercera ola pasa por ese personal que trabaja durísimo. Están agotados y desbordados, teniendo que tolerar violencia verbal y física. Y lo peor de todo es que, por lo que se ve, esto no terminará enseguida”.

Ninguna novedad

Durante la primera parte de la pandemia tener covid representaba una novedad. En el presente, en medio de la tercera ola y con un promedio de 100 mil casos diarios, la novedad se halla en el contrario: no haber dado positivo ni ser contacto estrecho durante Ómicron representa casi un milagro.

Con esta realidad, la presión también recae sobre las personas que se encargan de realizar el seguimiento, que cada vez es más difícil cuando la cantidad de pacientes se multiplica de forma exponencial. “El problema principal es que hay personas con riesgo de evolucionar a formas más severas de la enfermedad y no son seguidas por un profesional, porque están desbordados. Debería establecerse, en este contexto, una prioridad según los casos”, opina Guzzi.

Las vacunas han disminuido el impacto en términos de hospitalización y muerte, pero no han eliminado el contagio ni la transmisión de una variante como Ómicron, que se propaga con una velocidad inédita, incluso en poblaciones mayormente inmunizadas, como es la argentina. “El hecho de que la presión también esté en la atención primaria, sin embargo, no implica que no se incrementen los números en la internación. De hecho, lo está haciendo de manera significativa”, comenta Guzzi. Si el 1° de diciembre había 632 personas internadas por coronavirus, en el presente, esa cifra superó los 2.500 individuos.

Volver rápido al ruedo

“Al igual que el resto de la población nosotros estamos enfermándonos, cada vez hay menos gente para trabajar. Te cuento una situación: en este momento estoy con covid, no tengo a nadie en el consultorio que me suplante. En la clínica en la que me desempeño, quedó un solo pediatra sin covid en la guardia, que se tiene que hacer cargo de atender a muchísimas personas”, expresa Georgina Di Genaro, médica que se desempeña en clínicas privadas de Olivos y Lomas de Zamora. Después continúa: “En las terapias hay camas libres, pero no se puede internar a los pacientes porque no se cuenta con personal. Es lo mismo que si no las tuvieras”.

Lo que hay que comprender, como suele plantear el médico intensivista Arnaldo Dubin, es que “cuando se dice que el sistema de salud va a colapsar, los que colapsan son los profesionales y toda la gente que trabaja en las instituciones sanitarias”. Mientras las camas y los respiradores se pueden multiplicar, con los especialistas no ocurre lo mismo. “El sistema” son las personas que lo componen.

En esta ocasión, a diferencia de las olas previas, los infartos, las diversas infecciones, las cardiopatías, las enfermedades crónicas y el cáncer están siendo atendidos normalmente. Lo mismo con las cirugías que meses atrás habían sido postergadas, hoy se realizan como en la época prepandemia.

A partir de la última modificación dispuesta por el Ministerio de Salud, los contactos estrechos asintomáticos y con esquema completo de vacunación pueden continuar con sus actividades laborales. Guzzi y Di Genaro coinciden en que se trató de una “medida necesaria” porque cada vez había “menos mano de obra disponible”. La presión por un retorno rápido se contradice, tanto en el ámbito público como privado, con los salarios que reciben.

“En Swiss Medical, por ejemplo, los médicos tenemos contrato fuera de convenio, por lo que no entramos en paritarias. De manera que si la paritaria este año fue del 42 por ciento, a nosotros decidieron incrementarnos un 24 por ciento. Increíble pero real en plena pandemia”, comenta Di Genaro.

Al respecto, completa Ortiz en relación al panorama público: “El esfuerzo es enorme, muchos compañeros, incluso, están viniendo enfermos a trabajar. Los sueldos son miserables, es vergonzoso lo que hacen Horacio Rodríguez Larreta y Fernán Quirós con un personal tan preciado y necesario como los técnicos, administrativos y enfermeros”.

Cuello de botella

“La gente se acumula en largas filas en la calle, bajo el rayo del sol mientras aguarda a ser atendida por un profesional para que le brinde un diagnóstico, o bien, para hisoparse. Hay ocasiones en que se dan números para realizar un corte, con lo que mucha gente queda sin ser atendida ese día”, describe Guzzi un paisaje que se repite desde que se inició la explosión de Ómicron.

Sucede que la sobrecarga de la atención primaria también se advierte en el testeo. De hecho, analistas de datos consultados por este diario calculan que la cantidad de casos reportados debe multiplicarse por cuatro o cinco para acceder a una dimensión real del rumbo epidemiológico de la nueva ola en el país.

“En la actualidad, se está derivando a residentes de diversas especialidades médicas a los centros de testeo. Aunque pertenecen a cirugía, dermatología o ginecología, son llamados a dar una mano en áreas calientes”, relata la infectóloga. Para descomprimir esta situación, se instrumentó el desembarco de los autotest que durante estos días podrán adquirirse en las farmacias.

El objetivo de la cartera sanitaria que conduce Carla Vizzotti es negociar con los laboratorios, con el objetivo de regular el precio y favorecer su accesibilidad. En las próximas semanas el promedio de infecciones podría iniciar su descenso y, con ello, la atención primaria recuperar algo de oxígeno.

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